Otro muerto en salvaje represión golpista; sube la presión internacional

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Un hombre murió por una herida de bala recibida en un choque entre la policía de Honduras y seguidores del depuesto presidente Manuel Zelaya, horas antes de que se reprimiera una protesta para evitar que llegara a la embajada de Brasil, donde está refugiado Zelaya.

Mientras, la comunidad internacional redobló el miércoles la presión sobre el Gobierno de facto para que permita la vuelta al poder de Zelaya, que fue derrocado hace casi tres meses por un golpe de Estado que desató la peor crisis política en América Central en décadas.

Según un testigo de Reuters, miles de seguidores del líder fueron dispersados por la policía y el Ejército con gases lacrimógenos cuando intentaban llegar a la sede diplomática brasileña, donde el mandatario se refugió el lunes tras entrar en secreto en el país para intentar recuperar el poder.

“La comunidad internacional y la justicia está con nosotros, vamos a dar la vida si es necesario para que el presidente Zelaya vuelva a la presidencia”, aseguró Eunice Carranza, una estudiante universitaria de 24 años.

Tras los enfrentamientos, el Gobierno de facto decidió extender por un tiempo indeterminado el toque de queda que estableció el lunes y que interrumpió el miércoles duerante unas pocas horas para que la gente pudiera abastecerse.

Pero por la noche, el Gobierno anunció que el toque de queda se levantaría el jueves a las 06.00 hora local (12:00 GMT).

Los manifestantes se habían concentrado por la mañana para marchar hacia la embajada brasileña, desafiando el toque de queda instaurado en la tarde del lunes por temor a una ola de violencia.

La representación diplomática permanecía sitiada por segundo día consecutivo, con soldados bloqueando varias calles circundantes.

Una fuente de la morgue dijo que un seguidor de Zelaya de 65 años murió el martes por la noche, abatido por disparos en un barrio pobre de Tegucigalpa cuando la policía reprimió una manifestación y convirtiéndose en la primera víctima mortal desde el regreso del depuesto mandatario.

Por su parte, Zelaya denunció que el Gobierno de facto está planeando asaltar la embajada brasileña para matarle.

“El plan es entrar y crear un conflicto y un magnicidio (…) Me informaron que había un plan para hacer parecer que me había suicidado en el momento del allanamiento”, dijo Zelaya a un canal hondureño sobre un supuesto plan para asesinarle.

El presidente de facto, Roberto Micheletti, ha asegurado que su Gobierno no planea entrar por la fuerza en el edificio, donde se alojan unas decenas de personas.

Desde Nueva York, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, pidió el miércoles ante la Asamblea General de las Naciones Unidas que la comunidad internacional esté alerta para asegurar la inviolabilidad de su embajada.

“La comunidad internacional exige que el señor Zelaya vuelva inmediatamente a la presidencia de su país y debe estar alerta para asegurar la inviolabilidad de la misión diplomática de Brasil en la capital de Honduras”, dijo Lula, provocando los aplausos de la audiencia.

Además, aseguró que se reunirá pronto con el presidente estadounidense, Barack Obama, para discutir la crisis política en el país centroamericano.

“Si él (Lula) quiere respeto, que nos respeten a nosotros”, dijo Micheletti a la cadena CNN. “Estamos solos pero estamos ‘superviviendo’ (sic)”, agregó.

CALLEJON SIN SALIDA

Zelaya fue derrocado por las Fuerzas Armadas y expulsado del país con el apoyo de los partidos conservadores, el Congreso y la justicia por supuestamente violar la Constitución al querer forzar la reelección presidencial.

Micheletti, que rechaza negociar la vuelta de Zelaya al poder, ha pedido a Brasil que entregue al mandatario depuesto para ser juzgado por la supuesta violación constitucional y una serie de cargos de corrupción, o bien le ofrezca asilo político.

Analistas consideran que, al aceptar dar refugio al líder derrocado, Brasil se inmiscuyó en una crisis sobre la que tiene poca influencia, lo que podría perjudicar sus ambiciones de liderazgo regional.

El Gobierno de facto suspendió el miércoles durante cinco horas el toque de queda para que la población pudiera comprar víveres y gasolina, pero amenazó con reprimir a los grupos de más de 20 personas.

Se formaron colas frente a los supermercados y gasolineras y el paisaje de la ciudad se transformó cuando cientos de automóviles salieron a las calles antes desiertas.

Honduras planea celebrar comicios presidenciales en noviembre, pero la comunidad internacional, que ha aislado política y financieramente a Honduras, advirtió que no reconocerá al vencedor de las elecciones.

En Washington, un funcionario estadounidense dijo a Reuters que Micheletti está dispuesto a aceptar el ingreso de una delegación de la Organización de Estados Americanos (OEA) a Honduras para mediar en la crisis.

El Gobierno de facto había rechazado anteriormente una propuesta de la OEA para que Zelaya vuelva al poder hasta que finalice su mandato en enero.

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