La hija del Presidente – Entrvista A Xiomara Zelaya

Ya han pasado cuatro meses del golpe de Estado en Honduras. Xiomara, la hija menor del depuesto presidente  Manuel Zelaya, se ha convertido en uno de los rostros más importantes de la resistencia. Estuvo con su padre durante la mañana del golpe, y ahora le lleva todos los días comida a la embajada de Brasil. Aquí nos relata, desde Tegucigalpa, sus vivencias.

Foto: Gentileza Xiomara Zelaya

Foto: Gentileza Xiomara Zelaya

Xiomara se despertó cuando aún estaba oscuro en Tegucigalpa. Había dormido donde su hermana Zoe, que estaba embarazada. Salió apurada de la casa, rumbo a la residencia presidencial donde despertaría a su padre para acompañarlo a abrir las urnas a las seis de la mañana. Era un 28 de junio que recién comenzaba, y Honduras debía votar a favor o en contra de que se incluyera una cuarta urna en las elecciones de noviembre. Ahí el pueblo decidiría si se llevaría a cabo la Asamblea Constituyente. Pero el conflicto generado por esta medida, estaba a punto de estallar.

Xiomara subió las escaleras, despertó a su padre y se metió a la ducha. Mientras se bañaba, escuchó los primeros disparos. Zoe, quien estaba a sólo un par de cuadras, también alcanzó a oírlos. Xiomara salió asustada al pasillo, en donde se encontró a su papá. Él le dijo que se metiera inmediatamente en su cuarto y que no saliera hasta que todo hubiese terminado. Ella, sin tiempo de decir algo, le hizo caso. Mientras oía cada vez más cerca los gritos de los militares, se escondió debajo de la cama. Desde su escondite, escuchó el golpe que echó abajo la puerta de su casa, luego las botas subiendo las escaleras y por último, a su padre decir la frase que aún no puede sacarse de la cabeza “Si ustedes tienen orden de dispararme, háganlo”.

“Pensé más en la vida de mi papá que en cualquier otra cosa. No sabía para dónde se lo llevaban, qué iban a hacer con él, no sabía absolutamente nada. Ese fue, sin duda, el momento más difícil”, dice Xiomara desde Honduras, en una entrevista telefónica. Los militares registraron cuarto por cuarto, pero no la encontraron debajo de la cama. Ella esperó, 20…30…50 minutos sin moverse. De pronto, llegó uno de los guardias de su padre, y le dijo: “Sal, Pichu, ya se han ido. Ya es seguro que salgas”.

Los días después del golpe fueron los más confusos. Cada uno sus hermanos: Zoe de 32, y el menor, José Manuel de 19, se refugió en una embajada distinta. Zoe lo hizo en la de Taiwán, mientras que Xiomara y José Manuel prefieren no revelar esa información. Su madre, Xiomara Castro de Zelaya, estuvo recluida cuatro días en las montañas de la región de Olancho, en donde había estado haciendo actividades de apoyo a la encuesta programada para el domingo 28. Una semana después, recién pudieron reencontrarse. “La comunicación entre nosotros era muy limitada, ya que nuestros teléfonos estaban intervenidos y con mi padre era casi imposible. Él estaba viajando en busca de apoyo y nos costaba mucho contactarlo”.

La Pichu

Xiomara Zelaya, la hija menor del presidente depuesto de Honduras, tiene 24 años y estudia comunicación social en la Universidad Tecnológica. En su país, la conocen como la Pichu. “Así la tratamos en casa y así la conocen todos. Desde la campaña política, que ella comenzó a acompañar a mi papá a los actos. Daba discursos llamando a los jóvenes a participar. En Honduras ya la Pichu es una leyenda”, cuenta su hermana Zoe. Pero el protagonismo de Xiomara se ha potenciado mucho más después del golpe de Estado. Ha tomado un rol muy importante en la resistencia, sirviendo como canal de comunicación entre su padre y la gente. Xiomara sale a las calles, da entrevistas, twittea y actualiza constantemente su Facebook con información en contra del régimen de Roberto Micheletti. Lídice Ortega, quien forma parte de la organización de Feministas en Resistencia, nos cuenta: “En los discursos de la Pichu, la gente se emociona, le gritan que la quieren. Como líder, ha sido un reforzamiento para seguir dando energías a la gente que se manifiesta”.

Nos tienen miedo, porque no tenemos miedo

Foto: Gentileza Xiomara Zelaya

Foto: Gentileza Xiomara Zelaya

Después del cierre de Radio Globo y del canal 36 Cholusat -los únicos medios a favor de Zelaya- la organización de la resistencia al régimen de facto, se hizo más compleja. Todos los distintos sectores agrupados en el Frente Nacional de la Resistencia, comenzaron a comunicarse a través de radioemisoras comunales y mensajes clandestinos. Radio Globo ha seguido transmitiendo vía internet y las emisoras pequeñas retransmiten la frecuencia hasta hacerla llegar a las comunidades más alejadas del país. “Se ha buscado la forma de mantener a la gente informada. Hoy en día prender la TV en Honduras es pura desinformación. Solamente pasan caricaturas y telenovelas”, dice Xiomara. Ella mantiene contacto diario con los líderes de la resistencia y se organizan para hacer giras a nivel nacional, estableciendo así, enlaces en cada localidad. “La gente nos colabora. Prestan sus parlantes y los conectan a un computador, de manera que todo el barrio pueda escuchar”.

Sin embargo, afirma que eso no significa que no haya represión. A pesar de que el decreto de suspensión de garantías fue derogado, Pichu hace énfasis en que esto no ha ocurrido en términos prácticos. “La gente continúa siendo perseguida inescrupulosamente y los militares andan con armas de asalto en las manifestaciones pacíficas. Aquí cantamos un himno que dice ‘nos tienen miedo porque no tenemos miedo’, y así es. El pueblo, pese a la represión, continúa luchando por la democracia”, agrega.

Dedos en la comida

A Zoe le quedaba solamente un día para dar a luz a su segundo hijo. Su padre había regresado el 21 de septiembre a Honduras. Ella quería visitarlo a él y a su madre en la embajada de Brasil. “Quería recibir la bendición de mis padres antes de internarme en la clínica. Hablé con el arzobispo para que nos ayudara a ingresar. Nos dijeron que sí y nos tuvieron durante 3 horas esperando a las afueras. Recién a las once de la noche nos dijeron que no iba a ser posible ”, cuenta Zoe.

Desde que sus padres están recluidos en la embajada brasileña, Xiomara va a dejarles comida todos los días. Hace dos turnos: uno a las once y media para el almuerzo y otro a las cuatro de la tarde para llevarles la cena. La acompañan algunos voluntarios.  Sin embargo, en muy pocas oportunidades la han dejado pasar. “Entrar es todo un trámite, al igual que el proceso de registro del alimentos que es muy intenso. Le meten los dedos para ver si hay alguna bomba y hasta los perros de seguridad, olfatean la comida. Por eso, solamente les llevo cosas frías: sandwiches, gelatinas y pudines”, cuenta.

Zoom a la embajada

Foto: Gentileza Xiomara Zelaya

Andrés Thomas Conteris, cámara en mano, junto al presidente Manuel Zelaya.

Andrés Thomas Conteris vivía en California y trabajaba como periodista para Democracy Now! en español. Pero cuando supo del golpe de Estado en Honduras, agarró el primer avión y se fue a Tegucigalpa. Andrés había trabajado en Honduras como activista de los derechos humanos años atrás, y el golpe de Estado lo motivó a volver. Entre el 17 y 23 de septiembre se desarrollaba en Honduras la segunda misión de trabajo de AMARC -organización internacional de radios comunales- para evaluar el estado de la libertad de expresión. Andrés estaba participando en esta actividad cuando se escuchó la noticia. Manuel Zelaya había vuelto y estaba en la embajada de Brasil. Él pudo entrar junto a otros miembros de la prensa. Hoy, es el único periodista estadounidense dentro de la embajada y permanece en huelga de hambre desde hace más de diez días. “Estoy en la oficina contigua de donde duerme el Presidente. Al comienzo no teníamos colchones, pero ahora ya los trajeron. Aunque todavía, treinta compañeros duermen en el piso”, nos cuenta Andrés.

Alrededor de la embajada se extiende un cerco militar que impide que los civiles se manifiesten. “Solamente los militares tienen acceso y en los últimos días, se han dedicado a acosar de forma brutal a mi padre y a mi madre. Les están causando daños psicológicos y físicos, y ni siquiera nos permiten pasar los medicamentos necesarios”, cuenta Xiomara.

Andrés dice que ha sido muy difícil soportar el acoso. “Han usado de todo: gases lacrimógenos, aparatos que emiten un sonido ensordecedor. Lo peor son los focos de luz cuando cae el sol, que no nos permiten reconocer si es de día o de noche”. Pese a esto Andrés afirma que Zelaya se mantiene animado. “Aquí nos damos fuerza unos a otros: cantamos canciones y el padre Tamayo ofrece misas. El presidente se nutre del apoyo del pueblo y del de sus hijas”, agrega.

Pero esto, según Lídice Ortega, ha perjudicado el liderazgo de Xiomara. “Desde que Mel -como le dicen a Zelaya sus amigos y seguidores- está en la embajada de Brasil, ella se ha alejado de la resistencia. Yo la entiendo, es su padre. Pero no debería perder ese rol que había tomado. Creo que su papel no está dentro de la embajada, sino afuera, motivando a las personas de la resistencia”, dice.

Ante todo, el Presidente

Desde que sus hijos eran pequeños, Zelaya viste su clásico sombrero y botas; el traje típico del hombre del campo hondureño. En una hacienda de Olancho, departamento en el que nació, sus hijos disfrutaban de las tardes calurosas, mientras lo escuchaban contar historias acerca de Bolívar, Sucre y Ghandi. Zoe recuerda: “Mi padre siempre fue un hombre con ideales, y hoy día sigue luchando por las mismas causas justas que nos enseñó desde chiquiticos. Es por eso que ahora lo respetamos como padre, y como el Presidente.”.

Xiomara también suele referirse a su padre como “el presidente Zelaya”. Para ella, es importante verlo en el contexto que está viviendo su país. “Centrarme en él solamente como padre sería egoísta. La gente vive lo mismo que nosotros, por eso yo me he desligado un poco del sentimiento de hija, para compartir lo que siente la gente que sale a las calles y se manifiesta”, cuenta.

La Pichu dice no sentir rabia hacia quienes destituyeron a su padre, cree que ella no es quien para juzgarlos y que tarde o temprano se hará justicia. “Como ciudadanos podemos castigarlos negándoles el voto y dando testimonio de las violaciones a los derechos humanos que se han cometido. Pero finalmente, será Dios quien imponga su justicia divina.”

Mientras Manuel Zelaya estuvo en Chile, pudo comunicarse con Xiomara y contarle acerca de su agenda en nuestro país. “Mi padre me contó acerca de su estadía. Estamos muy agradecidos con la Presidenta Bachelet y con el recibiendo que le dieron a mi padre. Yo agradezco a todos los países que han condenado este golpe de estado, y a Chile en especial, porque nos ha servido como ejemplo. Ahora toda nuestra América se ha unido para condenar un golpe de estado bajo un sólo principio que es la democracia”.

Comentarios Vía Facebook:

Powered by Facebook Comments

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.