Se Cumple Año Más De La Desaparición Del Compañero Eduardo Becerra

JOSÉ EDUARDO BECERRA LANZA

Hijo de María Ediltrudis Lanza y Roberto Becerra, Eduardo nació en Tegucigalpa el 20 de julio de 1958. Es el segundo de siete hermanos, Marcio, Longino, Rosario, Rebeca, Nora y Roberto. Realizó su primaria en la Escuela 20 de Julio del Barrio El Bosque y la secundaria en el Instituto Central Vicente Cáceres. En 1978 ingresó a la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, matriculándose en la carrera de Medicina.

Desde muy joven se destacó por ser justo y valiente, cualidades que lo levantaron como líder del movimiento estudiantil universitario, desde el Movimiento de Bases del Frente de Reforma Universitaria (FRU), pasando como miembro estudiantil del Consejo Universitario, hasta la Secretaría General de la Federación de Estudiantes Universitarios de Honduras (FEUH), cuando lo desaparecieron.

En plena ejecución de la Doctrina de Seguridad Nacional, Eduardo expresaba su voz representativa del Alma Máter contra la represión lanzada sobre líderes sociales por tres ejércitos irregulares que operaban en el territorio nacional: el salvadoreño, el contra nicaragüense y el estadounidense.

Para aquellos días, la realidad nacional era objeto de discusión y debate en las aulas universitarias, porque era imposible no hacerlo. La Sociedad Hondureña allí representada por los estudiantes venía saliendo de regímenes militares de fuerza a la etapa constitucional democrática, que se mostraba como algo aún peor; igualmente, en el resto de Centroamérica, los estudiantes estaban inquietos.

Los mismos militares que habían roto el orden constitucional, en nombre del Estado, rompían de nuevo la Constitución y entregaban en complicidad con políticos el territorio a fuerzas armadas hostiles a los países vecinos, El Salvador y Nicaragua, que vieron a Honduras como agresor.

Los jóvenes fueron las primeras víctimas del abuso de autoridad y de poder, entre ellos los estudiantes que encendían la ira de los oficiales militares impulsores del silencio con terror, y de los civiles que caminaban, pensaban y hablaban como ellos.

Eduardo, que atraía por su inteligencia de alta velocidad, sus palabras ordenadas y pensamiento fresco, innovador y subversivo, era blanco de enemigos situados en la propia Universidad Nacional.

Oswaldo Ramos Soto, para entonces candidato a la Rectoría inducido por el General Gustavo Álvarez Martínez, encarnaba al prototipo Salvador de la Patria que acabaría con la amenaza comunista desde la Universidad. Odiaba a Eduardo.

Con su llegada, el liderazgo estudiantil comenzó a ser objeto de vigilancia, detención, tortura, desaparición y asesinato. Las primeras víctimas fueron Ángel Manfredo Velásquez, Roberto Fino, Oscar Alexis Colindres, Félix Martínez, Juan Ayes, Guillermo y Edwin López, Gilda y Suyapa Rivera, Milton y Janeth Jiménez, algunos de los cuales sobrevivieron.

La represión era brutal, la conspiración militar dentro de la Universidad era evidente, pero la reacción de los estudiantes también era ejemplar. Millares de universitarios marchaban por las calles de Tegucigalpa, hacia Casa Presidencial y el Congreso Nacional, exigiendo respeto a la soberanía, la vida y la libertad.

En 1 de agosto de 1982, a las 10:00 de la noche, Eduardo Lanza fue secuestrado en pleno Centro de Tegucigalpa, en las cercanías de la Farmacia Regis , por militares que simulaban un operativo de reclutamiento.

Eduardo regresaba a casa acompañado por Flavio y Oscar, ambos compañeros del FRU, quienes fueron llevados a la Estación de Bomberos en el Cerro Juan A. Laínez a bordo de un camión del Ejército y Eduardo entregado a agentes civiles de la Dirección Nacional de Investigación (DNI), quienes lo introdujeron a un vehículo de vidrios polarizados y sin placas. La descripción del horror. La infraestructura del Terrorismo de Estado.

Con la desaparición del joven líder su familia perdió a un extraordinario ser humano, el país a un conductor inteligente y la Universidad se quedó sin su voz y su luz. Ramos Soto y su Frente brutal de enemigos de la palabra y la razón, quedaron libres para instalar parlantes musicales y saquear el presupuesto del Alma Nutricia, sin denuncia ni sanción.

La Universidad fue acallada por la fuerza y nunca más, desde entonces, volvió a tener voz y conciencia de la Honduras que rodea su campus.

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